Un bebé que abre los brazos
Dos meses y medio. Una cabeza que se ha aplanado por detrás. Y un bebé que llora cada vez que lo ponen boca abajo.
Llega al CDIAP derivado por pediatría. Tiene dos meses y medio y la parte de atrás de la cabeza plana: una braquicefalia importante.
Boca arriba, empuja mucho hacia atrás. Boca abajo, los bracitos se le abren hacia los lados, no consigue apoyarse en los antebrazos y llora. Llora muchísimo.
Su madre lo pone encima de ella, pero muy poco rato. «Es que llora mucho. No acepta la postura.» Repasamos juntas cómo son sus días, y el boca abajo aparece muy poco. Siempre por la misma razón: el llanto.
Nadie estaba haciendo nada mal. Una madre que ve llorar a su bebé lo coge. Pero, mientras tanto, la cabeza se estaba aplanando. Y el bebé se estaba perdiendo mucho más que una cabeza redonda.
Qué gana un bebé boca abajo
Hasta que se sientan, hacia los seis meses, los bebés viven en horizontal. Y de todas las posturas de esos meses, el boca abajo es la que más les pide. Precisamente por eso es la que más les da.
Cuando se lo explico a las familias, lo cuento desde cuatro lados.
Su cuerpo se hace fuerte. Para levantar la cabeza boca abajo, el bebé tiene que trabajar el cuello, los hombros y toda la espalda. Primero se apoya en los antebrazos; después, con los brazos estirados, en las manos. Las caderas, que vienen dobladas de la posición fetal, se van estirando. Ahí se prepara el volteo, el reptado, el gateo y, más adelante, la sedestación.
Siente su cuerpo de otra manera. Cuando apoya el peso en los antebrazos y en las manos, recibe información de sus articulaciones y de sus músculos: dónde está cada parte de su cuerpo y cuánta fuerza necesita. Es lo que llamamos información propioceptiva, y es la que le permite organizar el movimiento.
Descubre el mundo con los sentidos. Siente el suelo en el pecho, en la barriga, en las manos. Cada vez que levanta o gira la cabeza, cambia su relación con la gravedad. Y lo que ve es otro mundo: boca arriba ve el techo; boca abajo, si levanta la cabeza, ve los objetos, las personas, la habitación. Aprende a buscar con la mirada y a seguir lo que se mueve.
Y lo vive. Boca abajo, el bebé intenta llegar a un juguete, se gira para seguir una voz, lo consigue o no lo consigue, y lo vuelve a intentar. Descubre que puede hacer cosas por sí mismo. Y si el adulto se tumba delante, en el suelo, cara a cara, ese rato se convierte en juego y en relación.
Una parte de esto está estudiada y otra no, y quiero separarlas. Una revisión de 2020 que reunió 16 estudios encontró que el tiempo boca abajo se asocia a un mejor desarrollo motor grueso y global, y a menos braquicefalia; en lo cognitivo y en lo social, los resultados no son concluyentes (Hewitt y colaboradores, 2020). Otro estudio vio que los bebés que dormían boca arriba volteaban, reptaban y gateaban algo más tarde, aunque dentro de lo normal (Davis y colaboradores, 1998). Lo que cuento sobre lo sensorial, lo propioceptivo y lo que el bebé vive es mi forma de entenderlo después de muchos años mirando bebés en la consulta.
Y, además, la cabeza
El cráneo del bebé no es una pieza rígida. Está formado por placas que todavía no se han unido, preparado para crecer muy deprisa. Por eso es moldeable. Y la cabeza de un bebé pesa mucho en proporción a su cuerpo.
En los primeros meses, un bebé pasa la mayor parte del día tumbado, y casi siempre con la cabeza ligeramente girada hacia uno de los dos lados. Si además duerme muchas horas durante el día, apoyado siempre sobre la misma zona, esa zona se va aplanando: la cabeza tiene muchas posibilidades de deformarse. Si se aplana toda la parte de atrás, hablamos de braquicefalia; si se aplana un lado, de plagiocefalia.
Por eso, que un bebé se pase casi todo el día durmiendo no se debería dar por normal sin más. El tiempo que está despierto es el que le permite cambiar de postura, mover la cabeza y descubrir lo que tiene alrededor.
Son muy frecuentes: en un estudio canadiense, casi la mitad de los bebés sanos tenían algún grado a las 7-12 semanas, la mayoría leve (Mawji y colaboradores, 2013). Muchas mejoran con el tiempo, pero no todas, y cuanto antes se actúa, más fácil es. Si hay cualquier duda sobre la forma de la cabeza, hay que consultarlo con pediatría: existen otras causas, poco frecuentes, que no tienen nada que ver con la postura.
Boca arriba para dormir, boca abajo para jugar
Casi todas las madres que veo me lo dicen: en pediatría les han insistido mucho en que el bebé no duerma boca abajo. Y tienen razón. Cuando empezaron las campañas para que los bebés durmieran boca arriba, la muerte súbita del lactante bajó de forma muy importante: en Estados Unidos, un 38 % entre 1992 y 1996.
- Para dormir, siempre boca arriba. En una cuna con colchón firme y plano, sin almohadas, mantas, protectores ni peluches. De lado tampoco es seguro. Así lo recomiendan la Academia Americana de Pediatría (2022) y la Asociación Española de Pediatría.
- Despierto y con un adulto delante, boca abajo, cada día. En ratos cortos, repartidos a lo largo del día. La Organización Mundial de la Salud orienta a un mínimo de 30 minutos diarios en total, aunque reconoce que la evidencia es muy limitada. Lo tomo como una orientación, no como una dosis exacta.
La muerte súbita ronda a muchas madres, y es un miedo razonable. Sobre todo con el primer hijo, es fácil pensar que todo lo malo te va a pasar a ti. Yo lo entiendo. Pero les digo que no se puede criar con miedo. Lo que hay que saber es cuándo: la noche, boca arriba; el día, despierto y acompañado, también boca abajo.
Cuando hay miedo, pena o culpa, el trabajo no es solo con el bebé. Es con las personas que lo crían. Si no trabajas con ellas, tenga el niño lo que tenga, le estás haciendo un flaco favor a la familia.
Cuando llora boca abajo
El llanto es lo que más frena a las familias. Y detrás de ese llanto puede haber cosas muy distintas. En mi experiencia, a veces el bebé todavía no reconoce la postura y le cuesta el esfuerzo. Otras, hay algo sensorial que no le deja estar cómodo. Otras, una madre con miedo. Y otras, algo físico: una tensión, una rigidez que de verdad se lo impide.
No he encontrado estudios que expliquen por qué unos bebés lo toleran y otros no. Esto es lo que veo en la consulta.
«Si solo abordamos la parte emocional y no valoramos las condiciones físicas del bebé, podemos estar cometiendo un error muy importante.»
Si hay una rigidez y la madre lo pone boca abajo, el niño va a llorar sin consuelo. Y ella acabará convencida de que su hijo odia estar boca abajo, cuando lo que le pasa es que le duele o le cuesta. Por eso trabajo a dos bandas: con la madre, para buscar juntas cómo ayudarle, y con el bebé, para descartar que haya algo físico.
No son ejercicios: es el manejo
Primero conozco su contexto: cómo es el bebé, cómo come, cómo duerme, y cómo viven sus padres que se mueva poco o que llore tanto. Casi siempre acaba saliendo lo mismo: las rutinas, las posturas, los tiempos.
«No son ejercicios que se tengan que hacer tres y cuatro veces. Es el manejo del bebé.»
- Cómo cogerlo para que los bracitos queden delante, también en la postura anticólicos. Primero con una muñeca; después lo prueban ellos, delante de mí.
- El boca abajo encima de los padres: la madre se va reclinando poco a poco, le habla para que levante la cabeza y le coloca los brazos en apoyo de antebrazos.
- El volteo asistido, despacio, para que sea el bebé el que haga los giros de cabeza.
- Una cuña a unos 45 grados, que les resulta más fácil que el suelo.
- Una alfombra en una zona tranquila de la casa, y los padres sentados en el suelo con el bebé, para crear el hábito de estar ahí juntos.
Y sobre el llanto, siempre lo mismo: no consiste en dejar al niño llorando en el suelo. Se le coge, se le calma, se le pone encima, y se vuelve a intentar. Los bebés van tolerando mejor la postura porque practican. El trabajo de verdad lo hace la familia en casa; mi papel es que sepan cómo, y que lo hagan con menos miedo.
Cuando hace falta otra profesional
Con el bebé del principio trabajamos para relajar la zona donde se unen el cuello y la espalda, que estaba muy rígida. Pero seguía costando mucho, y seguía llorando.
Cuando la rigidez no cede, derivo a una profesional especializada en terapia manual en bebés, con la que trabajo, que conoce el sistema musculoesquelético y miofascial del bebé mucho mejor que yo. No hay estudios sólidos sobre estas técnicas en bebés, y no voy a decir lo contrario. Lo que puedo contar es lo que he visto: cuando a estos bebés los trata otra especialista, la mejora llega mucho más rápido. Cuando vuelvo a verlos, les cuesta mucho menos estar boca abajo.
Y hay otra razón, que sé que también va a generar debate. Mi tiempo es limitado. Si estos bebés mejoran antes con otra profesional, yo puedo dedicar más horas a los niños que más necesitan mi especialización: los que tienen una afectación neurológica o un retraso importante del desarrollo. No es que unos niños importen más que otros. Es que no todos necesitan lo mismo de mí, y repartir bien el tiempo también es una forma de cuidar.
Sé que algunas de estas terapias generan mucha crítica. Pero yo creo en los buenos profesionales, más que en el título que llevan detrás: en alguien que sabe valorar, detectar lo que ve y tratarlo con una mirada crítica.
Cómo acabó
A los tres meses, aquel bebé hacía un buen apoyo de antebrazos. Después levantó la cabeza, ya sin esa tensión. Su madre podía ponerlo boca abajo sin que acabara llorando sin consuelo.
A estos bebés los sigo hasta que se sientan, hacia los seis meses. Y ahí empieza otra etapa, que contaré en los próximos capítulos.
Una pregunta
Termino, como siempre, con una pregunta. A las familias y a los profesionales:
«Cuando un bebé llora boca abajo, ¿qué es lo primero que pensáis? ¿Y qué os ayuda a buscar el porqué antes de dejar de intentarlo?»
- Hewitt L. et al. (2020). Tummy time and infant health outcomes: a systematic review. Pediatrics. PMID 32371428.
- Davis B. E. et al. (1998). Effects of sleep position on infant motor development. Pediatrics. PMID 9794945.
- Mawji A. et al. (2013). The incidence of positional plagiocephaly: a cohort study. Pediatrics. PMID 23837184.
- Moon R. Y. et al. (2022). Recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría sobre sueño seguro. Pediatrics. PMID 35726558.
- Organización Mundial de la Salud (2019). Directrices sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño en menores de 5 años.
- Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Ponle a dormir boca arriba».
- NICHD (National Institute of Child Health and Human Development): descenso de la tasa de muerte súbita del lactante en Estados Unidos.